En cuanto a ecología, Dinamarca es un país pionero. Desde Jutlandia del oeste, donde los corderos juguetean en grandes espacios y dejan el rígido viento del mar del Norte penetrar y dar un exquisito sabor a sal en la carne musculosa, hasta la isla rocosa Bornholm, en el este, que es famosa por sus maravillosos gallos ecológicos.
La lecha fresca viene de las vacas en las muchas granjas ecológicas esparcidas por todo el país. Pequeñas lecherías producen queso y leche ecológicos. Y las verduras, libres de pesticidas, son sacadas de la tierra y vendidas directamente en las granjas, desde los supermercados o en Internet.
La ecología también beneficia a los turistas comilones. Tanto si buscas la comida sencilla en las posadas como si vas a uno de los nuevos templos de la comida que aparecen en el paisaje. Muchas de las posadas en el campo de Dinamarca se esfuerzan en utilizar las materias primas más exquisitas de su zona en su cocina.
Si vas a las ciudades más grandes, los buenos restaurantes todavía utilizan materias primas ecológicas, mientras la cocina rural deja paso a las experiencias gastronómicas más modernas.
Después de que los restaurantes de diseño hayan coqueteado con la mezcla de sabores y nacionalidades en la cocina, cada vez más restaurantes buscan ahora crear un rasgo particular y así definir la nueva cocina escandinava.
El famoso “smørrebrød” (sándwich abierto) danés ha experimentado un tremendo rejuvenecimiento. Todavía puedes encontrar “Smørrebrød” tradicional en muchos restaurantes en las ciudades de Copenhague, Aarhus, Odense y Aalborg, pero cada vez más sitios adaptan el “smørrebrød” tradicional, quizá un poquito grasiento y sobrecargado, a los tiempos modernos.
El pan negro es ahora más integral, las rebanadas más gruesas, hay menos mantequilla y así se presta más atención a cada materia prima: el arenque, la mortadela, la patata y el paté.